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La salud oral en las personas con discapacidad

En España, se estima que más de cuatro millones de personas viven con diversas discapacidades. Esta significativa población requiere atención dental especializada, dado que el mantenimiento de una salud bucal óptima es crucial para asegurar una alta calidad de vida.

Según el INE, España cuenta con 4,38 millones de ciudadanos con discapacidades, de los cuales un 74% enfrenta retos en actividades diarias, incluyendo la higiene bucal. Un estudio sobre salud bucal y discapacidad en España indica que, aunque un 39% de las personas con discapacidad se sienten bien atendidas en el dentista, un 32% aún no está satisfecho con su atención dental.

La atención dental para personas con discapacidad en España requiere mejoras, según un estudio de Oral-B y la FDE, se subraya la necesidad de mayor implicación pública para asegurar una salud bucodental adecuada y mejorar la calidad de vida de este colectivo.

La prevención, clave en la salud oral de las personas con discapacidad

La prevención en salud oral es crucial para pacientes con necesidades especiales. Mantener una buena higiene bucodental no solo preserva la calidad de vida, sino que también previene problemas de salud más graves y evita procedimientos dentales riesgosos. Además, subraya la conexión entre la salud oral y la salud general, especialmente en pacientes frágiles o con condiciones médicas complejas.

La salud oral en pacientes con discapacidades se ve afectada por múltiples factores que dificultan la higiene bucal y aumentan los riesgos de periodontitis y caries. Estas condiciones son más comunes en personas con discapacidades debido a factores específicos, como el síndrome de Down (periodontitis) o la parálisis cerebral (incontinencia salival), que van más allá de la higiene oral.

Problemas dentales más habituales

Trastorno del desarrollo intelectual

La incidencia de caries en personas con discapacidad es similar a la población general, pero varía según el entorno; siendo más alta en personas institucionalizadas. Además, estas personas presentan una mayor prevalencia de enfermedades periodontales, maloclusiones, e hipoplasia del esmalte relacionada con trastornos orgánicos. Los desafíos en el manejo del comportamiento durante la atención dental también son más frecuentes.

Epilepsia

Aunque no hay manifestaciones específicas, los tratamientos con hidantoínas en personas con epilepsia pueden causar efectos secundarios como hiperplasia gingival, que no depende de la duración del tratamiento ni de la dosis, y xerostomía debido a medicamentos antiepilépticos.

Parálisis cerebral

En personas con parálisis cerebral, se observa comúnmente hipoplasia dental, caries relacionadas con la higiene, y enfermedad periodontal en la mayoría. Además, hay una mayor incidencia de traumatismos dentales, hiperplasias gingivales por tratamientos epilépticos, bruxismo, trastornos temporomandibulares, maloclusiones, y problemas de deglución y salivación.

Síndrome de Down

Estos pacientes frecuentemente presentan macroglosia, lengua fisurada, retraso en la erupción dental, anomalías dentarias e hipoplasia de esmalte. La enfermedad periodontal es casi universal. Se observan comúnmente maloclusiones de clase III de Angle, mordidas cruzadas, sobremordidas y mordidas abiertas, junto con prognatismo mandibular y paladares más pequeños de lo normal.

Encefalomielodisrafias (espina bífida)

Es vital establecer un programa odontológico individualizado para pacientes con este trastorno, enfocándose en una rigurosa higiene bucodental para prevenir infecciones. 

Fisura del paladar y labio leporino

Las fisuras del paladar y el labio leporino son trastornos congénitos graves que afectan las estructuras orofaciales. Odontológicamente, estos pacientes suelen tener agenesias dentales (especialmente premolares e incisivos laterales), dientes supernumerarios, dientes fusionados, amelogénesis imperfecta, malposiciones dentarias, erupciones ectópicas, retraso en la erupción de caninos superiores, y sobre erupción en dientes inferiores debido a la falta de antagonistas.

Abordaje en la consulta dental

El tratamiento odontológico para pacientes con discapacidad debe ser personalizado, considerando aspectos personales, familiares y sociales. En este sentido, la colaboración familiar y de cuidadores es crucial para un buen pronóstico. La ‘normalización’, o tratar a estos pacientes de manera rutinaria, es clave. La mayoría colabora sin necesidad de técnicas específicas, y la confianza y comunicación efectiva del dentista pueden revertir conductas no cooperativas. La información de padres y cuidadores, junto con la observación del comportamiento, son esenciales para elegir las pautas de tratamiento adecuadas.

Es necesario resaltar la  importancia de la colaboración con el médico del paciente para un tratamiento bucodental efectivo, destacando la necesidad de estar informado sobre el estado sistémico y la medicación del paciente. Para abordar de manera segura el tratamiento dental en pacientes con discapacidad, se han desarrollado protocolos odontológicos.

Un tratamiento dental adecuado requiere un diagnóstico que considere tanto aspectos conductuales como bucodentales. En este sentido, la experiencia y personalidad del dentista y su equipo son cruciales para normalizar el tratamiento. Si la relación paciente-dentista no se puede normalizar en la clínica, se recurre a técnicas psicológicas, físicas y farmacológicas, personalizando cada caso. Entre las técnicas psicológicas destacadas están la de ‘decir-mostrar-hacer’, el uso de comunicación no verbal, refuerzo positivo, distracción, modelado, desensibilización, y la modificación de conducta, a veces con la presencia o ausencia de familiares o cuidadores.

Herramientas con las que cuenta el dentista

Al tratar a pacientes con discapacidad, los dentistas tienen varias herramientas y enfoques disponibles. La sedación consciente y la anestesia son comunes, pero no deben reemplazar técnicas no farmacológicas como el refuerzo positivo o la distracción audiovisual. La sedación es útil especialmente en pacientes jóvenes, con fobia severa o discapacidad psíquica no colaboradora. Estos métodos son clave para pacientes cuyas condiciones impiden un tratamiento dental convencional, aunque es fundamental elegir la alternativa más adecuada.

La sedación consciente implica el uso de sedantes orales, intranasales o inhalatorios que permiten que el paciente mantenga su respiración espontánea. En la sedación profunda, se administra medicación por vía intravenosa y requiere la supervisión de un anestesiólogo, ya que el paciente respira por sí mismo pero necesita mayor atención. La anestesia general, en cambio, involucra la conexión a un respirador automático y debe realizarse en un hospital. Existen guías específicas para su uso, como la publicada por la Sociedad Británica de Discapacidad y Salud Oral.

La elección entre sedación superficial o profunda depende de cada paciente. 

La sedación superficial minimiza ligeramente el nivel de conciencia, manteniendo las vías respiratorias libres y la respiración espontánea, y se logra generalmente con benzodiazepinas o óxido nitroso. 

La sedación profunda desconecta más al paciente del entorno, manteniendo la respiración espontánea pero con posibles reducciones en la frecuencia respiratoria. Para la sedación profunda, se utilizan cánulas tipo Guedel y mascarillas laríngeas, y se requiere monitorización especializada, control e instrumentación, y la supervisión de un anestesiólogo, pudiendo realizarse en consultas odontológicas debidamente equipadas.

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Dra. Miriam Moreno

Directora y Ortodoncista

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